Andalucía necesita que Vox entre en el gobierno

Está resultando difícil formar el nuevo gobierno autonómico en Andalucía. Descartado el PSOE, por razones evidentes, PP y C,s están quedando en evidencia, una vez más, por su recalcitrante partidismo, bajeza moral, desprecio a los españoles de Andalucía, complicidad y persistencia en sostener un sistema corrupto. Su actitud hacia VOX es, además, evidentemente antidemocrática y nada inteligente. Ellos sabrán por qué, pero con ello siguen cavando su propia fosa política. Al tiempo.

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Los resultados de las elecciones del 2 de diciembre dieron un mensaje claro: El PSOE debe ser sustituido por una alternativa del centro derecha, que responda a la intensidad de la actual crisis política española. Esa alternativa debe abordar con claridad y firmeza temas clave, tales como Cataluña, inmigración descontrolada, falta de coordinación autonómica, memoria histórica que agrede al espíritu de la transición y necesidad de una política económica que de estabilidad a la creación de empleo, reduzca la deuda pública y de fiabilidad al sistema de pensiones. Las posibilidades principales de crear un gobierno de centro derecha son tres: a) Un gobierno bicolor de Cs y PP en minoría, con 47 diputados, presidido por Cs, con la abstención del PSOE. b) Un gobierno bicolor PP-Cs, de mayoría absoluta, con 59 diputados, presidido por el PP con el apoyo de Vox y c) un gobierno tricolor PP-Cs-Vox, de mayoría absoluta con 59 diputados.

La primera opción es muy improbable. Implicaría que las medidas de gobierno que acuerden Cs y PP, deberían contar con el apoyo y la supervisión del PSOE. Vox, el partido revelación, pasaría a la oposición. Se trataría de un gobierno débil con medidas de bajo calado, que no responderían a los deseos de cambio profundo que han indicado los resultados electorales. Tampoco serían coherentes con las encuestas posteriores que se han hecho en España, que muestran un claro rechazo a Sánchez, así como la intención de pasar el poder al centro derecha, en todas las próximas elecciones generales, europeas, autonómicas y locales.

La segunda opción requeriría la claudicación de Vox, ante lo que hubiesen pactado PP y Cs. Vox pasaría a jugar el papel de mero comparsa, lo cual haría que, en futuras elecciones, los electores considerasen que votar a Vox es un voto inútil. Esta situación podría paliarse, si se ofreciese a Vox incluir todas, o al menos las principales de sus propuestas, tales como derogación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, aprobada en 2017, una posición radical de firmeza ante el independentismo catalán, un compromiso rotundo ante la inmigración descontrolada y medidas fuertes en la dirección de armonizar el estado de las Autonomías, lo que implicaría que Andalucía, al igual que hizo el presidente de la Region de Murcia, ofreciese devolver al Estado las competencias de Educación y Sanidad, para facilitar un proceso armonizador.

La tercera opción, un gobierno tricolor PP, Cs y Vox, con mayoría absoluta, parece la mejor, ya que los tres partidos tienen muchas cosas en común. Evidentemente esta opción requiere acordar, a tres, el paquete de medidas de gobierno. En algunas de ellas, como son los temas impositivos, la opción por promover el empleo privado, la reducción del excesivo sector público andaluz o la imparcialidad de los medios de comunicación pública, no debería haber muchas dificultades para ponerse de acuerdo. En los demás temas clave, inmigración, memoria histórica y armonización o devolución de competencias, podría haber más dificultades. No debería ser difícil el tema de la derogación de la ley de Memoria Histórica de Andalucía, de 2017, como paso inicial para elaborar una ley de Concordia, como propone Casado para toda España. Su derogación no implica gasto alguno sino recorte de gastos y sería un gesto político claro. La convivencia debe primar frente a la confrontación. Recuérdese que el PSOE de Zapatero al llegar al poder derogó, de un plumazo, dos leyes claves del PP, la ley de trasvase de aguas de la desembocadura del Ebro, a las secas cuencas de Alicante, Murcia y Almería, así como la ley de Educación del PP, que ni siquiera llegó a ponerse en práctica. Los temas de inmigración y devolución de competencias son más difíciles, por un lado, por su propia complejidad, y por otro porque el actual gobierno de España no colaboraría. No obstante, hay margen suficiente para el acuerdo.

Lo que los tres partidos, de centro y derecha, no pueden permitirse es no abordar los temas clave. Sería conveniente que Vox, que no ha sido invitado a las conversaciones entre PP y Cs, les recuerde que los ciudadanos les han dado un voto para un cambio rápido y trascendente y que la demora en formar gobierno sería valorada como signo de incapacidad. Debe quedar claro que estas elecciones se han jugado en clave española, lo que implica pronunciarse sobre los temas delicados, antes aludidos. La posición pública de PP, Cs y Vox ante ellos será muy importante, no sólo para Andalucía sino también para las futuras elecciones que se vislumbran, a corto plazo, en el horizonte.

Los tres partidos tienen mucho en lo que confluir. No pueden quedarse en mera política de superficie. Los tres deben formar juntos un gobierno con políticas firmes y claves, que Andalucía y toda España necesitan. Los oportunismos políticos no serán bien recibidos por los votantes. ¡Adelante PP, Cs y Vox, hacia el gobierno tricolor que Andalucía y España están ansiosamente esperando!

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